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El Parral de Baco y El Lagar del Sol

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Historia de la Vitivinicultura en MÉXICO

Nuestro país es el productor vinícola más antiguo de América, aunque el auge de los vinos de calidad apenas está empezando.

 

La historia del vino en México evidentemente se inicia con la conquista. Sin embargo, el uso de la vid silvestre (de tipo cimarrón) se remonta a épocas inmemorables, en las que los indígenas preparaban el ahora llamado “vino de acachul”, a partir de diversas frutas silvestres, incluyendo la uva, agregandole miel de abeja.

 

La uva cimarrón, de gran acidez al igual que otras especies autóctonas como la rupestris, berlandieri, labrusca, etc., no eran adecuadas para la producción de vino. De manera que, tras el descubrimiento de América en 1492, inició la importación de barricas con vino europeo para satisfacer las necesidades de los nuevos pobladores y poco tiempo después se comenzaron a importar también sarmientos y semillas de vitis vinífera para poder producir, en el Nuevo Mundo, vinos “de calidad”.  

 

Se dice que Juan de Grijalva fue el primer español que compartió el vino con los representantes aztecas de Moctezuma hacia 1517 en Tenochtitlan.

 

El consumo y comercialización del vino fue incrementándose velozmente en los nuevos territorios, y éste era visto como alimento e incluso como medicamento, además de ser parte fundamental de la dieta de los españoles.

 

Con la colonización, los asentamientos urbanos se extendieron y la demanda de vino también, haciendo necesaria la plantación de vides en amplios territorios adecuados, por suelo y clima, para tal efecto.

 

Además, como se ha comentado en secciones anteriores, la Iglesia requería vino para la celebración de sus misas y sacramentos. Pero no solo los misioneros católicos jugaron un papel determinante en el establecimiento y desarrollo de la vitivinicultura mexicana y americana en general. También los jesuitas, que llegaron a la península de Baja California extendieron el cultivo de uva por esa región hasta entonces cubierta por desiertos semi-áridos en los que no se trabajaba la tierra y que hoy en día, constituye la zona más prolífica de la vitivinicultura nacional.

 

Siguiendo la inercia dejada por los Jesuitas, los Franciscanos llevaron el cultivo de vid más al norte, en las tierras que hoy comprenden el estado de California en los Estados Unidos, sentando las bases del afamado Valle de Napa. Fue fray Junípero de Serra quien estableció misiones, y con ellas viñedos desde San Diego hasta Sonoma.

 

Los resultados de sus plantaciones fueron tan satisfactorios, que la variedad plantada llegó a conocerse como “uva misión” y hoy en día se le denomina “criolla” y es conocida en toda América del sur.

 

Las regiones de la Nueva España en las que se detectaron condiciones propicias para el cultivo de vid y cuya gran mayoría aún constituyen las zonas vinícolas de nuestro país fueron: Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí, Coahuila, Sonora, Baja California y Puebla.

 

En el siglo XVI, con Hernán Cortés como gobernador de la Nueva España, se ordenó la plantación de 1000 sarmientos de vid por cada cien indígenas que estuvieran en las tierras de cada uno de los colonos que se establecieran en el territorio. Además Carlos V, en 1531, dio la orden de que todo navío que se dirigiese a la Nueva España habría de llevar viñas y olivos para ser plantados.

 

Fue justamente en México donde se implementó, por primera vez en todo el mundo, la práctica del injerto de vitis vinífera europea sobre pie autóctono americano. Práctica que se haría popular en toda Europa y el resto del mundo tras la arrolladora plaga de filoxera que acabó con el 80% de los viñedos europeos en el siglo XIX.

 

En 1554 se elaboraron los primeros vinos ya con uvas cultivadas en México y para 1593, Francisco de Urdiñola fundó, en Parras Coahuila, la bodega Marqués de Aguayo (primera vinícola comercial en México).

 

No pasó mucho tiempo antes de que otros emprendedores, como Lorenzo García (fundador de Bodegas San Lorenzo), siguieran los pasos de Urdiñola.

 

La viticultura de la Nueva España resultó ser tan prolífera que en 1595, temerosos de que constituyera gran competencia para su propia industria, la corona Española prohibió la siembra de nuevos viñedos en sus colonias americanas, aunque se podía continuar con la producción de vinos de los viñedos ya existentes.

 

Los misioneros se negaron a acatar dicha prohibición y continuaron con la difusión del cultivo de uva y la elaboración de vino, aunque en menor escala.

 

El padre Juan de Ugarte introdujo, en 1699 la vitis vinífera en California, por lo que es considerado “el padre de la vinicultura californiana”. Para 1791, fray José Loriente había fundado la misión de Santo Tomás, que posteriormente comercializaría sus vinos hasta convertirse en la hoy conocida bodega Santo Tomás.

 

Después de la Independencia y a partir del Porfiriato los vinos y las cepas francesas adquirieron gran prestigio entre las altas esferas de la sociedad mexicana.

 

A finales del siglo XIX, aprovechando el auge del gusto por el vino, familias pioneras en la vitivinicultura californiana trataron de persuadir al gobierno de explotar el potencial vinícola del país, sin embargo, la efervescencia social se la época –que conduciría a la Revolución-  entorpeció estos esfuerzos. Por otro lado, la filoxera acabó con todos los viñedos plantados a partir de cepas europeas puras, lo que retardó aún más el desarrollo de la vitivinicultura moderna en México.

 

Además existían otros problemas (con los que, desgraciadamente, más de un siglo después, seguimos enfrentándonos en muchas industrias en el país): faltaba actualización técnica y teórica en el ramo y no se cuidaba la selección de calidad en las variedades. Como resultado los vinos no eran de buena calidad.

 

En 1930, a causa de la guerra civil española, una nueva oleada de inmigrantes españoles llega a México, poniendo de moda sus vinos nuevamente por encima de los franceses.

 

En 1948 se fundó la Asociación Nacional de Vitivinicultores y poco a poco la cultura y la industria del vino fue desarrollándose, actualizándose y modernizando su tecnología.

 

Actualmente nuestros vinos cuentan con calidad reconocida a nivel mundial y las grandes compañías vinícolas han desarrollado intensas campañas para suscitar el interés y el gusto del consumidor por el vino.

 

La producción de vino nacional va creciendo año con año, aunque el consumo anual per capita no se ha desarrollado a la par, aunque sigue aumentando.

Ahora falta promover más el producto nacional y buscar apoyos e incentivos  financieros y subsidios gubernamentales (como los otorgados en Argentina y Chile, por ejemplo) que permitan a los productores y comercializadores mexicanos ofrecer precios competitivos ante la gran oferta mundial de vinos que nos invade.

 

Hoy por hoy, los productores de vino Mexicano están más centrados en la mejora de la calidad del producto que en el aumento de su cantidad, lo cual ha ido posicionando a México entre los países productores altamente reconocidos a nivel mundial.

El mundo del vino al alcance de todos.

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